domingo, 26 de julio de 2026

En una corresponsabilidad construyamos el bien común


Un juicio sobre las Elecciones Municipales del 2026


1. La dignidad de la persona y el Bien Común como fundamento de la acción política.  

  El bien común, fundado en la dignidad inalienable de cada persona humana —que ningún poder puede otorgar ni arrebatar—, nos exige configurar nuestras comunidades como espacios de encuentro, participación y auténtica comunión. Las exigencias originarias de verdad, justicia, belleza y libertad, inscritas en el corazón de cada persona, constituyen para nosotros un criterio permanente de juicio y acción. En la vida social, se expresan en un orden justo, en la recta administración de los asuntos públicos y en instituciones al servicio de la persona, elementos indispensables para la construcción del bien común. Por ello, afirmamos que el bien común debe estar por encima de los intereses personales, sectoriales o partidarios. El bien de todos prevalece sobre cualquier beneficio particular y es el fundamento y la medida de toda acción social y política.

2. La responsabilidad personal y el discernimiento ciudadano para construir la sociedad.  

  El bien común exige reconocer que el destino de cada persona está unido al de los demás y que el progreso auténtico debe orientarse al bien de toda la comunidad. Por ello, su construcción debe ser asumida desde un “yo” vivo y responsable, capaz de ir más allá de sus afinidades políticas para reconocer, desde el servicio, a quienes mejor encarnan este ideal, sin desconocer los límites de la política. No vivimos en un país perfecto ni encontramos fácilmente en la política a quienes respondan plenamente a nuestras expectativas. Sin embargo, asumamos la responsabilidad que este desafío nos plantea, tanto como candidatos llamados a servir como ciudadanos llamados a elegir. La acción social comienza con la responsabilidad personal que la democracia nos confía. Cada uno de nosotros está llamado a participar en las elecciones municipales con la conciencia de que la construcción de una sociedad más justa y humana comienza en la realidad concreta de nuestros barrios y comunidades. Por ello, el discernimiento comienza en la persona, en su apertura a reconocer a quienes asumen el bien común como una auténtica vocación de servicio. En este camino, el criterio de juicio debe ser la dignidad de la persona, la opción por los más vulnerables, el cuidado de la casa común, la paz social y la construcción de una ciudad más humana, bella y libre de corrupción.

3. La esperanza, la comunión y la corresponsabilidad como método para renovar la ciudad.  

  No podemos partir de la sospecha, es necesario comenzar desde la esperanza. Por ello, valoramos a las instituciones que sostienen el proceso democrático y los esfuerzos realizados para fortalecerlo. Asimismo, el bien común se juega en el acompañamiento mutuo al momento de juzgar y decidir. Seamos claros y francos en nuestros juicios, evitando palabras que enfrenten o humillen, y buscando siempre aquello que construye y une. Afirmamos que «la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo. Así, recuperar un lenguaje común, no el de la uniformidad, sino el de la comunión» (Magnífica Humanitas). Por ello, queremos ser constructores de comunión y no arquitectos de Babel, convencidos de que una sociedad más justa y humana solo puede edificarse desde la esperanza, la corresponsabilidad y la dignidad de cada persona.

Comunión y Liberación Paraguay

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