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martes, 16 de noviembre de 2021

JULIÁN CARRÓN DIMITE COMO PRESIDENTE DE LA FRATERNIDAD DE CL

 

Imagen de la carta de Julián Carrón

En una carta a la Fraternidad explica que su decisión se debe al deseo de «favorecer que el cambio de guía al que nos llama el Santo Padre se desarrolle con la libertad que dicho proceso requiere»

Carta de dimisión de Julián Carrón


martes, 19 de octubre de 2021

Ha muerto el periodista y escritor Luigi Amicone

PALABRAS CARRÓN MUERTE AMICONE


LAS PALABRAS DE CARRÓN TRAS LA MUERTE DE AMICONE

Gran amigo de don Giussani. Publicamos la carta que Julián Carrón ha enviado a su familia.


Leer la carta

jueves, 2 de enero de 2020

Protección de Menores

La protección de menores y personas vulnerables


El Reglamento preparado por la Fraternidad de Comunión y Liberación, la composición de la Comisión constituida para el trienio 2020/22, la carta apostólica en forma de "motu proprio" Vos estis lux mundi del Papa Francisco, la carta de Julián Carrón a la Fraternidad de CL.




viernes, 9 de febrero de 2018

Carta de Julián Carrón




Milán, 7 de febrero de 2018
Queridos amigos,
Como sabéis, el viernes 2 de febrero he tenido la alegría de ser recibido en audiencia privada por el papa Francisco. Mi deseo era compartir con él, como guía del pueblo cristiano, los pasos que hemos dado después de nuestro gran encuentro del 7 de marzo de 2015 en la Plaza de San Pedro.
1. Ante todo, le he contado el camino que estamos realizando para hacer cada vez más nuestro el carisma recibido de don Giussani. Todos recordaréis cómo nos reclamó el Papa a «mantener vivo el fuego» del carisma, a través de una personalización más profunda del mismo.
2. Además, le he agradecido nuevamente la carta sobre la pobreza al término del Jubileo de la Misericordia, que ha determinado el contenido de los últimos Ejercicios de la Fraternidad. En este sentido, he hecho referencia a algunas de las muchas iniciativas de respuesta a las necesidades de las personas –familias pobres, ancianos, inmigrantes, discapacitados, etc.–, que nacen en nuestro pueblo como fruto de la educación en la gratuidad que aprendemos a través del gesto de la caritativa.
3. En el marco de la preparación para el próximo Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, he descrito sintéticamente al Papa nuestro compromiso apasionado por su educación, un empeño que nace del deseo de responder a su necesidad de encontrar un camino para alcanzar la plenitud a la que aspiran, a veces de forma confusa, a veces secundando imágenes o persiguiendo intentos incapaces de satisfacer al corazón. He podido constatar cuánto desea el papa Francisco escuchar a todos los jóvenes, creyentes y no creyentes, indiferentes o en búsqueda; por eso –me ha dicho– ha decidido convocar en Roma a jóvenes de todo el mundo para un encuentro antes del Domingo de Ramos, para darse cuenta personalmente de todas sus preguntas, sus intereses, sus objeciones y sus preocupaciones. Os podéis imaginar mi alegría al poder compartir con él el camino que estamos recorriendo con los jóvenes, en el intento de ayudarles a reconquistar un afecto auténtico por sí mismos y a descubrir que Cristo está presente ahora: a través del encuentro con el fenómeno de una humanidad distinta que suscita estupor y adhesión, como nos dijo el Papa el 7 de marzo. ¡Qué responsabilidad he percibido ante esta tarea histórica que tenemos!
4. Por último, he hecho referencia a los muchos encuentros y conversaciones con personalidades pertenecientes a tradiciones culturales y religiosas distintas de la nuestra (del mundo laico, judíos, ortodoxos, protestantes, musulmanes, no creyentes, etc.), que han tenido lugar en estos últimos años en Italia y en el mundo, con el intento de secundar su invitación a estar «centrados en Cristo» para vivir como «Iglesia en salida».
Al preguntarle yo al final si tenía algo que decirme, porque no deseamos otra cosa que seguirle, el Papa me ha respondido: «Sólo quiero daros las gracias por todo lo que hacéis», exhortándome a seguir adelante. Es una invitación que he sentido como dirigida a mí y a cada uno de vosotros, para poder realizar las palabras de don Giussani: «Viviendo dentro de la comunidad eclesial [...] se llega a alcanzar esa certeza y claridad acerca de la verdad que el hombre necesita para afrontar la vida» (Por qué la Iglesia, Encuentro, Madrid 2014, pp. 239-240).
Al despedirse de mí, en la puerta a la biblioteca privada, me ha pedido que sigamos rezando por él. ¡Cómo no sentirnos apremiados ante una petición como esta! ¡Pidamos al Espíritu de Cristo resucitado que le ayude a llevar el peso de toda la Iglesia! Acojamos con toda la conciencia y el afecto de los que seamos capaces la invitación a pedirle al Señor que nunca le falte su gracia ante la tarea que le ha sido asignada de ser su testigo delante de todos los pueblos, como nos muestra cada día. A propósito de esto, aprovecho la ocasión para recomendar que acojáis la propuesta que el papa Francisco ha dirigido a todos al término del Ángelus del domingo pasado: «Frente al trágico prolongarse de situaciones de conflicto en distintas partes del mundo, invito a todos los fieles a una Jornada de oración y ayuno por la paz el próximo 23 de febrero, viernes de la Primera semana de Cuaresma. La ofreceremos en especial por las poblaciones de la República Democrática del Congo y de Sudán del Sur. Como en otras ocasiones parecidas, invito también a los hermanos y hermanas no católicos y no cristianos a que se unan a esta iniciativa en las formas que consideren más oportunas, pero todos juntos» (4 febrero 2018).
Con un afecto agradecido por cada uno de vosotros y cada vez más asombrado por el camino que estamos haciendo juntos,


Vuestro, don Julián Carrón

martes, 19 de agosto de 2014

Nuestra fe, despertada por su testimonio

Carta de Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación al Director del periódico Avvenire publicado el 12 de agosto de 2014, sobre la persecución que sufren los cristianos en Oriente.


La urgencia de mostrar nuestra cercanía a los cristianos perseguidos


Estimado director,

«Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él» (1 Cor 12,26). ¿Cómo no sentir todo el dolor desgarrador de nuestros hermanos cristianos perseguidos? Es un clamor que crece cada vez más ante las tremendas injusticias que sufren los cristianos en muchos lugares del mundo, obligados a dejarlo todo y a huir de su tierra por un único motivo: el hecho de ser cristianos.

Parece increíble que en el siglo XXI pueda suceder todavía algo así. «Hay más mártires hoy que en los primeros siglos de la Iglesia. ¡Más mártires! Hermanos y hermanas nuestros. ¡Sufren! Llevan la fe hasta el martirio.» (18 mayo 2013). ¿Cómo podemos permanecer indiferentes ante estas palabras del papa Francisco? Es evidente que nos encontramos ante un nuevo desafío, como nos recuerda la Evangelii Gaudium: «A veces, estos [desafíos] se manifiestan en verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia» (61).

Pero incluso en medio de estos sufrimientos llega hasta nosotros el testimonio de su fe, como ha dicho el arzobispo de Mosul en una reciente entrevista: «Ellos mismos empezaron a decirme que necesitaban arraigarse aún más en nuestra fe. Me dijeron que habían vuelto a vivir dentro de todas estas dificultades. Me lo decían con palabras y yo, por sus ojos, entendía que era verdad. Lo entendía por cómo me lo decían», porque «cuando llegué, era otra cosa. Eran otras personas. Pero al cabo de seis meses, de un año, su cambio era patente» (Huellas julio/agosto 2014). Espero que nosotros guardemos estos testimonios como un tesoro que despierte de nuevo nuestra fe, de tal manera que cada uno de nosotros pueda testimoniarla como ellos en las circunstancias en las que somos llamados a vivirla.

«Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él. […] Ahora vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros suyos, cada uno en particular» (1 Cor 12,26-27). Precisamente por esta común pertenencia al cuerpo eclesial, quisiéramos llevar un poco el peso de la intolerancia, la incomprensión y la violencia que el mundo que rechaza a Cristo carga sobre las espaldas de nuestros hermanos.

¿Cómo no sentir la urgencia de mostrar nuestra cercanía a los cristianos perseguidos? Lo hacemos uniéndonos al clamor de todos aquellos que advierten esta herida como infligida a ellos mismos, para que estos hechos no queden silenciados. Y lo hacemos, sobre todo, participando con todas las comunidades de Comunión y Liberación de Italia en la oración que por ellos ha convocado la Conferencia Episcopal Italiana el 15 de agosto, unidos a toda la Iglesia italiana.

Gracias por su atención.

Julián Carrón.

martes, 6 de noviembre de 2012

Carta a la Fraternidad de CL



Carta a la Fraternidad de CL:
de Julián Carrón, tras el Sínodo de Obispos para la Nueva Evangelización.

"Queridos amigos: A mi vuelta del Sínodo de los Obispos, quiero compartir con vosotros lo que considero más decisivo de la experiencia que he vivido, como indicación para nuestro camino"

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