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jueves, 13 de mayo de 2010

Ubi Petrus ibi ecclesia et ubi ecclesia ibi Petrus

16 de mayo
en la Plaza de San Pedro
para el Regina Coeli


El domingo 16 de mayo de 2010 queremos estrecharnos en torno a Benedicto XVI, como hijos alrededor del padre, deseosos de llevar en parte el peso que la situación actual carga sobre sus hombros.

Queremos rezar con él y rezar por él. Es el gesto más sencillo y verdadero que podemos hacer para expresar nuestra cercanía al Santo Padre, a la Iglesia y a quienes han sufrido por el mal padecido.

Con la penitencia y la unidad con el Papa, queremos testimoniar que la experiencia cristiana es una experiencia de belleza, plenitud y misericordia, que es capaz de abrazar a todos los hombres.

El deseo de la justicia, herida por el mal del hombre, encuentra en Cristo, crucificado y resucitado, una esperanza que es más fuerte que la muerte.


Documentos para retomar el sentido de este gesto.
  1. Pedro, «roca definitiva y segura» por Luigi Giussani
  2. Heridos, volvamos a Cristo
  3. Mas grande que el pecado - Editorial de Huellas, Abril 2010 
  4. Carta Pastoral del Santo Padre Benedicto XVI a los Católicos de Irlanda
  5.  

    jueves, 9 de abril de 2009

    MANIFIESTO CL por el Terremoto en el centro de Italia

    Pasión del Hombre, Pasión de Cristo
    MANIFIESTO DE CL SOBRE EL TERREMOTO EN LOS ABRUZZOS


    Una vez más un acontecimiento sobrecogedor nos ha herido en lo más profundo de nuestro ser. Tan sobrecogedor y tremendo que es difícil evitar preguntarse por su significado, pues supera enormemente nuestra capacidad de comprensión.

    La cuestión es tan radical como incómoda. No podemos tratar de cerrar el asunto rápidamente, deseando pasar página cuanto antes para olvidar. No es razonable seguir siendo prisioneros de una emotividad que nos sofoca, y mucho menos desplazar la atención sobre posibles responsables.

    La caridad inmensa, de la que se ha dado prueba en estos días como gesto espontáneo y que será necesaria sobre todo durante los próximos meses, cuando hará faltamás ayuda, indica que el olvido no es la única salida. Aun así, ni siquiera esta acción puede responder completamente a la apremiante pregunta que la experiencia de nuestra impotencia frente al terremoto
    ha hecho plantearnos.

    Hechos como este nos ponen delante del misterio de la existencia, desafiando nuestra razón y nuestra libertad de hombres. Desperdiciar la ocasión de mirarlo a la cara nos dejaría todavía más perdidos y escépticos.

    Pero para estar delante del misterio de la existencia necesitamos algo más que nuestra solidaridad, aunque sea justa. Solos no podemos.

    Una vez más en nuestra historia, la compañía de Cristo – que está en el origen del amor al hombre propio de nuestro pueblo – se revela decisiva: una compañía que da sentido a la vida y a la muerte, a las víctimas, a los supervivientes, nos da sentido a nosotros mismos, y sostiene la esperanza.

    La inminencia de la Pascua adquiere, de estemodo, una nueva luz. «El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con Él graciosamente todas las cosas?» (Rm 8,32).

    Comunión y Liberación
    Abril de 2009.